Una exposición recuerda la retirada de ‘El desencanto’ (1976), episodio decisivo en la democratización del Festival de San Sebastián

El equipo de la película retiró el filme en protesta por la muerte del manifestante Josu Zabala, mientras que numerosos periodistas renunciaron a cubrir el certamen.
Medio siglo después, la sección Klasikoak proyectará una copia restaurada del filme a modo de reparación.
Una exposición generada por el proyecto Artxiboa —con documentación original y materiales inéditos del archivo histórico del Festival de San Sebastián—repasará de manera crítica los acontecimientos que siguieron al asesinato en Hondarribia del manifestante Josu Zabala por disparos de la Guardia Civil. En protesta por este hecho, sucedido el 8 de septiembre de 1976 en vísperas del inicio de la 24ª edición, el equipo de El desencanto retiró la película de la Sección Oficial y numerosos periodistas se negaron a cubrir informativamente el certamen ante la indiferencia de su dirección. Como gesto de reparación, este año el Festival proyectará en la inauguración de Klasikoak una copia restaurada de un filme cuya retirada marcó un punto de inflexión en la posterior democratización del certamen.
Bajo el título “Una actitud de defección”. El gesto que cambió el rumbo del Festival de San Sebastián (1976), la muestra puede visitarse hasta el 27 de septiembre en la primera planta de Tabakalera.
“Como protesta a la brutal represión que viene padeciendo el pueblo vasco y que de modo trágico y terrible se ha concretado una vez más en los últimos acontecimientos públicamente conocidos, quienes participamos en la realización de El desencanto hemos decidido unánimemente retirar la película del XXIV Festival Internacional de Cine de San Sebastián”, reza la carta que el 13 de septiembre enviaron primero al director del certamen, Miguel de Echarri, y después a la prensa, el productor Elías Querejeta, el director Jaime Chávarri y buena parte del elenco del largometraje, incluidos Felicidad Blanc y los hermanos Panero.
La misiva original figura en la exposición junto al cartel original de la 24ª edición, fotografías de aquellas ediciones y numerosos telegramas, en los que representantes de la industria y de otras producciones se solidarizaban con el equipo de El desencanto, lamentaban que el Festival no les permitiera retirar también sus filmes y censuraban un festival “convertido en un instrumento represivo al servicio de la administración”. Así lo expresan en un documento personalidades como José Sacristán, Geraldine Chaplin, Carlos Saura, Pedro Olea, Emilio Martín Lázaro o Eloy de la Iglesia, que exigían un “festival democrático”.
El acta de la reunión que el comité rector del Festival celebró el día 13 en el Hotel de Londres para valorar la situación acordaba contestar a Querejeta que la retirada del filme “contraviene” el reglamento y le advirtieron de que pondrían los hechos en conocimiento de la Federación Internacional de Productores (FIAPF), además de amenazar con mantener el mismo criterio “con cualquier otro productor que pueda adoptar la actitud de defección del Sr. Querejeta”.
No obstante, en el acta el comité rector reconocía también que a la vista de lo ocurrido y del clima imperante, el Ministerio de Información y Turismo “tiene el propósito de estudiar serenamente la conveniencia de que la Ciudad de San Sebastián se responsabilice plenamente de la celebración de su Festival”. En las siguientes ediciones, esos deseos de “seria reconsideración” terminaron traduciéndose en un certamen que, si bien siguió recibiendo ayuda económica del gobierno español, pasó a organizarse desde San Sebastián e inició entonces una profunda transformación de sus estructuras y modelo de organización que culminaría en su democratización.
Ese era el deseo de un importante núcleo de la población donostiarra, cuyas asociaciones de vecinos emitieron un comunicado conjunto. En él, colectivos de barrios como la Parte Vieja, Gros, El Antiguo, Amara, Altza o Herrera no sólo condenaron la “brutal política represiva” ejercida para “coartar las exigencias de libertades de nuestro pueblo”, sino que denunciaron las maniobras para “despojar” a San Sebastián del “derecho” a organizar su festival, y también consideraron un “atropello” las amenazas de trasladarlo a otra ciudad.



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